Fe En Dios

LA “PUERTA DE LA FE”

Las palabras del Papa Benedicto XVI con las cuales inicia la exhortación apostólica Porta Fidei, en la que convoca el Año de la fe, recuerdan un pasaje de los Hechos de los Apóstoles. San Pablo, luego de predicar el Evangelio en diversas ciudades, se detiene finalmente en Antioquía. A su llegada «reunieron a la Iglesia y se pusieron a contar con todo cuanto Dios había hechos juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe» (Hech 14,27). La fe, señala el Papa, es como una puerta que nos introduce en la vida de comunión con Dios y a la vez nos permite la entrada en la Iglesia.

La figura de la puerta nos habla de entrada, de inicio. Nos recuerda el ingreso a un nuevo tipo de vida, que además involucra todo nuestro ser. No cruzamos el umbral de la fe sólo con una comprensión teórica de las verdades, sino cuando escogemos la gracia de Dios y emprendemos un camino de conversión total, que se manifiesta con todas las dimensiones de nuestra vida. Se cruza este «umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma», y supone «emprender un camino que dura toda la vida». Es, en este sentido, una opción fundamental que alcanza toda nuestra existencia.
La fe es integral, es decir, debe iluminar nuestra mente, ser acogida en el corazón, y manifestada en las acciones de nuestra vida cotidiana. El Papa lo dice con mucha claridad: Tener fe en el Señor «no es un hecho que interesa sólo a nuestra inteligencia, el área del saber intelectual, sino que es un cambio que involucra la vida, la totalidad de nosotros mismos: sentimiento, corazón, inteligencia, voluntad, corporeidad, emociones, relaciones humanas».